Estas navidades (y el resto de año) debemos recordar que hay situaciones que merecen un poco de nuestra atención y que si todos somos felices el mundo será mejor para todos.

Y muchas cosas, más de las que creemos, está en nuestra mano que cambien, o que comiencen a cambiar.

Echad un vistazo a este artículo. Los niños pobres de Brasil no piden regalos a sus padres, porque saben que no pueden comprárselos.

De las 10.000 cartas de niños enviadas en la ciudad brasileña de Recife, 6.000 piden comida en lugar de juguetes.

Pedro Manoel dos Santos, de 13 años, que escribe que le gustaría recibir unos zapatos del número 37, pero que lo que en realidad necesita es comida y cuenta así el drama de su familia.

“Mis padres no tienen trabajo. Mi padre hace dulces para vender y trabaja cuando le sale alguna cosa. Pero aún así, el dinero no basta para comer. Hay noches que vamos a dormir con hambre y la cara de mi madre se pone muy triste”.

Felices navidades para todos. También para ellos.

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